Quiénes somos

No hay una empresa.
Hay un apicultor.

Se llama Enrique. Sube él, revisa él, extrae él y envasa él. Miel de Cuevas es exactamente lo que cabe en un año de su trabajo: ni un bote más.

Apicultor con velo protector revisando una colmena en el monte, con la sierra al fondo.

01 — El apicultor

Un nombre
y un teléfono

«La miel no la hago yo. Yo solo procuro no estorbar.»

En esta página no vas a encontrar una saga de cinco generaciones ni una nave con el nombre en la fachada. Lo que hay es más pequeño y bastante más difícil de copiar: alguien que conoce sus montes, unas colmenas que se cuentan de una en una y un número de teléfono que contesta la misma persona que llenó el bote.

Cuando llamas al 688 340 889 no te atiende un departamento de atención al cliente. Te atiende él. Y si no lo coge, es porque está arriba y allí no hay cobertura.

Hablar con Enrique

02 — Un año

El año no empieza
en enero

Un año de miel se parece poco a lo que uno se imagina. Casi todo el trabajo pasa cuando no hay nada que recoger. Esto es lo que hay detrás de un bote de un kilo, mes a mes.

Febrero

Contar las que quedan

El primer día de verdad del año es una mañana de febrero en la que el sol calienta lo justo para abrir una colmena sin hacerle daño. Enrique sube, levanta las tapas y cuenta.

Algunos inviernos están todas. Otros no. No hay forma de saberlo antes de subir, y en esa mañana —con las manos frías y sin hablar con nadie— se decide buena parte de lo que habrá en septiembre. Es la parte del oficio que nadie fotografía.

Abril

Cargar de noche

Las colmenas se mueven de noche, cuando las abejas están dentro. Se cierran, se cargan, se sube por pistas que en abril todavía tienen barro y se colocan antes de que amanezca, en el sitio exacto donde dentro de dos meses habrá flor.

Colocar una colmena es apostar a tres meses vista contra el tiempo que va a hacer. A veces se acierta. A veces cae una helada tardía y aquella braña no da nada.

Junio

El valle huele a castaño

Cuando florece el castañedo, en Aller no hace falta que nadie te avise: se huele desde la carretera. Son unas semanas, y se acaban.

De ahí sale la miel oscura, la de amargo largo al final, la que aquí se lleva tomando de siempre para la garganta. Es la primera del año y la más agradecida.

Julio

Subir al brezal

El brezo está más arriba, donde el bosque se abre y el monte se pone morado. Hay que volver a mover colmenas y volver a subir, esta vez más lejos y más veces: revisar un colmenar a mil quinientos metros se lleva media mañana y no se puede dejar para otro día.

La miel de brezo se paga bien porque cuesta mucho, no porque lo diga la moda.

Septiembre

El biércol, la última

Y cuando el monte ya está pensando en el invierno, florece la calluna, el biércol. Es la última floración del año, la más corta y la más alta.

Algunos años sencillamente no se da: llueve cuando no debe, o el frío se adelanta, y ese año no hay calluna. Cuando se da, es la más rara de las tres y la que primero se acaba. No hay manera de fabricar más.

Octubre

En frío, y a mano

La extracción se hace en frío. La miel no se calienta ni se pasteuriza: se desopercula, se centrifuga, se deja decantar el tiempo que necesite y se envasa tal cual. Por eso cristaliza con los meses; porque está viva, no porque esté mala.

Cada bote se llena, se tapa y se etiqueta aquí, con su número de registro. Un kilo, un tarro, una floración. Sin mezclar.

Diciembre

Empezar otra vez

En invierno no se recoge nada. Se reparan cuadros, se limpia, se preparan cajas y se espera a que llegue el día de febrero en que se pueda volver a subir.

Y aquí está la parte que casi nadie cuenta: una colmena en el monte no solo da miel. Poliniza el brezal, el castañedo y el prado que tiene alrededor. Si nadie mantiene abejas ahí arriba, el monte se queda más pobre, y eso no lo arregla después ninguna subvención.

Por eso el trato es más simple de lo que parece: cuando compras un bote no estás pagando una miel, estás pagando el año siguiente. Ese kilo paga la cera, la madera, el gasoil de subir y el invierno entero en el que no entra nada. Y a cambio, en febrero, alguien vuelve a subir a contar colmenas.

03 — El grupo

Solo en el monte,
no en el oficio

Miel de Cuevas es una sola persona, pero Enrique no está solo del todo.

Con el tiempo se ha ido juntando con otros dos apicultores pequeños que hacen lo mismo en sus montes, y lo que empezó siendo llamarse para preguntar dudas acabó siendo un grupo.

No es una cooperativa, ni una marca común, ni hay nada firmado. Es una cosa más vieja que todo eso: si a uno se le rompe el extractor en plena extracción, lo saca del otro. Si hay que mudar colmenas de noche y hacen falta cuatro manos, se avisa. Si a uno le aparece una enfermedad en el colmenar, lo cuenta enseguida en vez de callárselo. Y si alguien no puede subir una semana —porque la vida pasa—, sube otro a echar un ojo.

No compiten entre ellos, y no es por buena educación: es que cada monte da una miel distinta. La misma flor, a cincuenta kilómetros, ya no sabe igual.

  • Enrique

    Miel de Cuevas

    Aller · Asturias

    Castaño, brezo y calluna de los montes del concejo. Esta casa.

  • Alberto

    Mielcelta

    Asturias y León

    Miel cruda, sin filtrar ni pasteurizar. Fue el primero al que Enrique llamó para preguntar algo, y sigue siendo al que llama.

  • Jhonatan

    Miel El Capricho del Oso

    Cordillera Cantábrica

    El tercero, con la misma forma de entender el oficio. Cuando hay que mover colmenas de noche o falta un par de manos en la extracción, aparece.

Tres marcas, tres montes y tres personas que se cogen el teléfono. En un sector donde el bote medio del supermercado dice, literalmente, «mezcla de mieles originarias y no originarias de la UE», eso ya es una rareza.

04 — El compromiso

Cinco cosas que
no van a pasar

Poner «artesanal» en una etiqueta es gratis. Estas cinco se pueden comprobar, y por eso están escritas aquí y no en un folleto.

  1. No se mezcla

    Cada bote es de una sola floración. Si un año el brezo viene corto, hay menos botes de brezo: no se completa con otra cosa ni se llama «milflores» a lo que sobró.

  2. No se calienta

    Ni pasteurizada ni filtrada a presión. Se decanta y se envasa en frío. Si con los meses cristaliza, es buena señal: la miel cruda cristaliza, y se vuelve a poner líquida al baño maría suave.

  3. No se compra miel a nadie

    No se compra a granel para reetiquetarla. Todo lo que lleva esta etiqueta salió de estas colmenas, en estos montes, este año.

  4. No se vende más de lo que dio el año

    Cuando se acaba la cosecha, se acaba y se dice. Preferimos que te quedes sin miel y vuelvas el año que viene a venderte cualquier otra cosa.

  5. No se vende sin papeles

    Número de registro 33.00200/07057, en la etiqueta del bote y en el pie de esta página. Apúntalo y compruébalo: para eso está.

Pedidos

Ahora ya sabes
de quién es la mano

La cosecha se acaba todos los años, y la de calluna antes que ninguna. Si quieres de esta, lo sensato es decirlo pronto.